Pudo Velázquez imaginar la rendición de Breda
y la valiente firmeza de las lanzas españolas.
De la misma manera el señor del Bosque
derrotó, con qué nobleza, a los herejes calvinistas.
Si Spínola a las ranas de las charcas pantanosas
hizo doblar la cabeza y las rodillas, Iniesta y Villa,
torearon los cuernos de las bestias neerlandesas
y las remató, en dos paradas, oh maravilla, Casillas.
No os empeñéis, forzudos naranjas, tulipanes,
marineros expertos en artes marciales, equipo
leñero, en vencer con tanto golpe traicionero.
Que el rey de España, nuestro señor, qué tiempos,
guay de vosotros, brutos rebeldes, mendigos de la mar,
por si acaso, hizo bien, guardó más de cien mil picas.
Miguel Ruiz Martínez.
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